Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón
Este domingo, mientras la selección sub-15 de béisbol perdía 2-1 ante México en el Mundial de la categoría, y mientras los seis equipos de la LIDOM afinaban sus rosters para una temporada que arranca el 16 de octubre, me quedé pensando en una pregunta que nadie parece querer responder con honestidad: ¿República Dominicana tiene una industria beisbolera o tiene una cantera que otros administran?
La diferencia no es semántica. Es la diferencia entre ser dueño de tu riqueza y ser proveedor de la riqueza de otros.
Los hechos
Cerca del 40% de los jugadores extranjeros en las Grandes Ligas proviene de República Dominicana. Eso no es solo un dato deportivo: es una industria de exportación de talento humano que mueve cientos de millones de dólares al año. Las academias de béisbol —muchas de ellas propiedad de franquicias de MLB— operan en suelo dominicano, entrenan a jóvenes dominicanos desde los 14 años, y cuando uno de ellos firma, el grueso del dinero fluye hacia afuera.
El jugador recibe su bono de firma. La academia cobra su comisión. La franquicia se queda con los derechos. Y República Dominicana… celebra.
El problema de la firma prematura
Firmar a los 16 años no garantiza triunfar en las Grandes Ligas. La mayoría de los firmados nunca llega. Y los que no llegan quedan atrapados en un limbo: sin educación completa, sin oficio alternativo, sin red de seguridad.
Pero hay una dimensión que va más allá del individuo. El problema no es solo que el joven firma demasiado pronto. El problema es que el sistema está diseñado para que firme pronto, porque eso conviene a quienes controlan el sistema.
La tesis central
República Dominicana produce el talento. Otros lo procesan, lo comercializan y se quedan con el valor agregado. Es el mismo patrón que hemos visto en otras industrias: exportamos materia prima, importamos el producto terminado.
En el béisbol, la materia prima es el jugador. El producto terminado es la estrella de las Grandes Ligas. Y entre la firma y la estrella hay un proceso de formación, desarrollo y posicionamiento que ocurre, en su mayor parte, fuera del país.
¿Qué haría una industria real?
Una industria real negociaría las condiciones en las que opera en su territorio. Establecería estándares mínimos de educación para los prospectos. Crearía mecanismos para que una parte del valor generado por el talento dominicano regrese al país en forma de inversión en infraestructura deportiva, programas de formación y redes de apoyo para los que no llegan.
Una industria real tendría una política pública de béisbol, no solo una celebración cultural del béisbol.
El contrapunto
Hay quienes argumentan que el sistema actual ha generado oportunidades reales para miles de jóvenes dominicanos que de otra manera no habrían tenido acceso a educación, viajes y una vida mejor. Y tienen razón en parte. El béisbol ha sido un ascensor social para muchas familias dominicanas.
Pero un ascensor social que funciona para el 5% de los que suben no es una política de desarrollo. Es una lotería.
Datos clave
- Cerca del 40% de los jugadores extranjeros en MLB proviene de República Dominicana.
- La LIDOM arranca el 16 de octubre de 2026 con seis equipos.
- La temporada 2026-2027 está dedicada In Memoriam a Héctor Rizek Llabaly.
- La selección sub-15 perdió 2-1 ante México este domingo en el Mundial de la categoría.
La pregunta incómoda
¿Cuánto del valor económico generado por el talento beisbolero dominicano regresa a República Dominicana en forma de inversión, infraestructura o programas de formación? ¿Alguien lo ha calculado? ¿Alguien lo ha exigido?
Conclusión
El béisbol dominicano es nuestra mayor industria cultural y uno de nuestros principales productos de exportación. Pero seguimos administrándolo como si fuera solo un deporte. Mientras tanto, otros administran el negocio.
La derrota de hoy ante México en el sub-15 no es una tragedia. Es un recordatorio de que el talento no basta. Hace falta sistema. Hace falta política. Hace falta decidir si queremos ser la cantera o la industria.
Daniel Segundo Monzon es columnista de El Zafacón.





