Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón
Hay un momento en cada domingo dominicano en que el deporte y la cultura se cruzan sin que nadie lo planifique. Es cuando el padre le explica a su hijo por qué Marileidy Paulino corre diferente. Cuando la abuela recuerda que ella también bailó merengue en el mismo estadio donde ahora hay un concierto. Cuando el joven que nunca ha visto un partido de béisbol en vivo sabe perfectamente quién es Tatis Jr.
Ese cruce no es accidental. Es la prueba de que el deporte y la cultura son, en República Dominicana, la misma cosa con dos nombres distintos.
Los hechos
En 2026, República Dominicana alcanzó 150 medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el mejor resultado de su historia. Marileidy Paulino sigue siendo la atleta más rápida del mundo en los 400 metros. Christopher Melenciano rompió el récord mundial de los 100 metros para atletas sordos en Japón. La selección femenina de fútbol avanza en su proceso de consolidación. Y la LIDOM, que arranca el 16 de octubre, sigue siendo el evento deportivo más convocante del país.
Al mismo tiempo, el Festival Iberoamericano Teatro de Bolsillo llena salas pequeñas con obras que hablan de maternidad y docencia. Heaven CON reúne a miles de jóvenes que encontraron en la cultura pop una identidad propia. Casa Libros invita a los niños a entrar dentro de un cuento. Y el Centro Cultural Banreservas ofrece danza y dramaturgia en una tarde de domingo.
Dos mundos que parecen separados. Que no lo están.
La tesis
El deporte y la cultura son los dos espejos en los que una sociedad se mira para decidir qué quiere ser. No son industrias separadas ni sectores aislados de la política pública. Son el lugar donde se construye la identidad colectiva, donde se negocia quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser.
El problema es que República Dominicana trata a ambos como si fueran lujos. El deporte, como si fuera solo entretenimiento. La cultura, como si fuera solo decoración. Y en esa confusión, pierde la oportunidad de usarlos como lo que realmente son: herramientas de desarrollo humano, cohesión social y proyección internacional.
Los argumentos
Primero: el deporte dominicano produce resultados de primer mundo con recursos de tercer mundo. Marileidy Paulino no llegó a ser campeona olímpica porque el Estado dominicano invirtió en ella lo que invierte Jamaica en sus atletas. Llegó a pesar de las carencias, no gracias a las condiciones. Lo mismo vale para el boxeo, el atletismo y el béisbol. El talento existe. La infraestructura, no siempre.
Segundo: la cultura dominicana tiene proyección global pero financiamiento local insuficiente. El merengue, la bachata, el reggaetón dominicano, el cine emergente, el teatro de vanguardia: todos compiten en mercados internacionales con presupuestos que no reflejan su potencial. Cuando un artista dominicano triunfa en el exterior, lo hace a pesar del sistema, no gracias a él.
Tercero: la desconexión entre deporte y cultura empobrece a ambos. Los países que mejor han aprovechado su identidad cultural —Jamaica con el reggae y el atletismo, Brasil con el fútbol y el carnaval, Cuba con el béisbol y la música— lo han hecho porque entendieron que son la misma cosa. República Dominicana tiene los ingredientes. Le falta la receta.
Cuarto: los jóvenes ya lo entendieron. Heaven CON, los festivales de teatro de bolsillo, los grupos de cosplay, los colectivos de arte urbano: la generación que creció con internet no separa el deporte de la cultura, ni la cultura local de la global. Son ellos quienes están construyendo la nueva identidad dominicana, con o sin el apoyo del Estado.
El contrapunto
Puede argumentarse que el Estado dominicano ha aumentado su inversión en deporte y cultura en los últimos años. Es cierto. El Ministerio de Deportes construye techados multiusos. El gobierno apoya festivales y ferias del libro. La Secretaría de Estado de Cultura tiene programas de formación artística.
Pero la inversión sigue siendo reactiva, no estratégica. Se responde a demandas puntuales en lugar de construir un ecosistema sostenible. Se celebran los triunfos sin preguntarse qué condiciones los hicieron posibles ni cómo replicarlos.
Datos clave
- 150 medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 — récord histórico de RD
- Marileidy Paulino: campeona olímpica y mundial en 400 metros planos
- Christopher Melenciano: récord mundial 100m para atletas sordos, Japón 2026
- LIDOM 2026-27 inicia el 16 de octubre — el evento deportivo más convocante del país
- El turismo cultural y deportivo representa una oportunidad de diversificación para RD
La pregunta incómoda
¿Por qué República Dominicana celebra a sus atletas y artistas cuando triunfan en el exterior, pero no invierte en las condiciones que harían posible que más de ellos lleguen tan lejos?
Las consecuencias
Lo que ya ocurre: el talento dominicano sigue emigrando para desarrollarse. Los artistas buscan mercados en Miami, Nueva York y Madrid. Los atletas entrenan en instalaciones que no corresponden a su nivel. La cultura popular dominicana se exporta sin que el país capture el valor económico que genera.
Lo que podría ocurrir: si República Dominicana decide tratar el deporte y la cultura como inversión estratégica —no como gasto— podría construir un ecosistema que retenga talento, genere empleos de calidad, atraiga turismo cultural y deportivo, y proyecte una imagen de país que va más allá de las playas.
Conclusión
Este domingo, mientras la selección dominicana juega en Trinidad y Tobago, mientras "Mute" sube a escena en el Teatro Guloya y mientras los niños entran dentro de un cuento en Casa Libros, hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué tipo de país queremos ser?
El deporte y la cultura no son el reflejo de lo que somos. Son el espejo en el que podemos ver lo que podríamos llegar a ser. La diferencia entre los dos depende de las decisiones que tomemos hoy.
Daniel Segundo Monzon es columnista de El Zafacón.





