Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón
Hay una pregunta que los dominicanos deberíamos hacernos con más frecuencia: ¿qué pasa con nosotros cuando el mundo se rompe?
No es una pregunta retórica. Es una pregunta urgente. Porque el mundo, tal como lo conocimos desde el fin de la Guerra Fría, se está rompiendo. Y los países pequeños, los que no tienen ejércitos nucleares ni monedas de reserva ni asientos permanentes en el Consejo de Seguridad, son los que más tienen que perder.
Esta semana, mientras el huracán Polo arrasaba el Pacífico mexicano y los BRICS aprobaban en Nueva Delhi una declaración de 124 puntos para reformar la ONU y reducir la dependencia del dólar, República Dominicana seguía navegando sin brújula en un océano que cambia de corriente cada semana.
Los hechos
[HECHO] En septiembre de 2026, el mundo opera bajo tres lógicas simultáneas y contradictorias: la lógica estadounidense de los aranceles como arma geopolítica (12.5% sobre exportaciones dominicanas de cigarros y joyería bajo la Sección 301), la lógica china de la conectividad y la deuda como instrumento de influencia, y la lógica rusa de la disrupción como estrategia de supervivencia.
[HECHO] Los BRICS, que ahora incluyen a Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Irán, Etiopía y Egipto, representan el 45% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo. Su declaración de Nueva Delhi no es solo retórica: es la arquitectura de un sistema alternativo al orden de Bretton Woods.
[HECHO] Brasil, el mayor socio comercial de América Latina, enfrenta una posible recesión técnica y una elección presidencial que podría cambiar radicalmente su política exterior. Argentina está en crisis. Colombia acaba de firmar la paz con el ELN. El mapa regional se reescribe.
El contexto
República Dominicana nació en el siglo XIX atrapada entre potencias. Fue ocupada por Haití, luego por España, luego por Estados Unidos. Aprendió a sobrevivir en los márgenes del poder. Pero el siglo XXI exige algo más que supervivencia: exige estrategia.
Durante décadas, la estrategia dominicana fue simple: alinearse con Washington, mantener el CAFTA-DR, atraer inversión extranjera directa, crecer con el turismo. Funcionó. El país creció a tasas del 5% anual durante veinte años. Pero esa estrategia fue diseñada para un mundo unipolar que ya no existe.
Hoy, cuando EE.UU. impone aranceles del 12.5% a nuestros cigarros y joyas bajo la Sección 301, cuando China financia infraestructura en el Caribe con condiciones que nadie lee hasta que es tarde, cuando Rusia usa el petróleo y el trigo como armas diplomáticas, la pregunta no es si RD debe elegir un bando. La pregunta es si RD tiene la capacidad institucional para no elegir ninguno y salir ganando.
La tesis central
República Dominicana necesita una política exterior de Estado —no de gobierno— que le permita navegar el multipolarismo sin perder su principal ancla de seguridad (la relación con EE.UU.) ni cerrar las puertas a las oportunidades que ofrece el nuevo orden emergente.
Los argumentos
Primero: Los aranceles son el nuevo lenguaje de la geopolítica. Cuando Washington aplica la Sección 301 a productos dominicanos, no está castigando a RD por razones comerciales. Está enviando una señal sobre estándares laborales, sobre alineamiento político, sobre quién está dentro y quién está fuera del sistema. Ignorar esa señal sería un error. Pero responder solo con diplomacia reactiva también lo sería. RD necesita una estrategia proactiva de diversificación de mercados que reduzca su vulnerabilidad a las decisiones unilaterales de Washington.
Segundo: El multipolarismo crea oportunidades reales. La declaración de los BRICS en Nueva Delhi incluye propuestas de sistemas de pago alternativos al SWIFT, fondos de desarrollo con condiciones distintas a las del FMI y el Banco Mundial, y mecanismos de cooperación Sur-Sur que RD podría aprovechar sin necesariamente adherirse al bloque. La diplomacia económica inteligente no es ideológica: es pragmática.
Tercero: La inestabilidad regional es una amenaza directa. La crisis en Haití, la recesión en Argentina, la incertidumbre en Brasil y el conflicto en Venezuela no son problemas ajenos. Son problemas que llegan a nuestras costas en forma de migrantes, de presión sobre los precios de los alimentos, de reducción del turismo regional y de aumento del crimen organizado transnacional.
Cuarto: RD tiene activos estratégicos que no está usando bien. Somos el mayor receptor de turismo del Caribe. Tenemos zonas francas que atraen inversión de 50 países. Tenemos una diáspora de más de 2 millones de personas en EE.UU. que envía US$1,100 millones al mes. Tenemos una posición geográfica privilegiada entre los mercados de América del Norte y del Sur. Esos activos son poder. Pero el poder sin estrategia es solo potencial desperdiciado.
El contrapunto
Hay quienes argumentan que RD es demasiado pequeño para tener una política exterior independiente, que nuestra dependencia de EE.UU. es estructural e irreversible, y que lo mejor que podemos hacer es seguir siendo buenos aliados de Washington y esperar que el orden global se estabilice.
Es un argumento comprensible. Pero es un argumento de resignación, no de estrategia. Costa Rica, con menos recursos que RD, ha construido una política exterior de neutralidad activa que le ha dado influencia desproporcionada a su tamaño. Singapur, una isla sin recursos naturales, se convirtió en hub financiero y logístico global precisamente porque diseñó una estrategia para el mundo multipolar antes de que el mundo multipolar llegara.
Datos clave
- 12.5%: Arancel impuesto por EE.UU. bajo Sección 301 a exportaciones dominicanas de cigarros y joyería (septiembre 2026)
- 45%: Porcentaje del PIB mundial que representan los BRICS en paridad de poder adquisitivo (2026)
- US$1,100M: Remesas mensuales de la diáspora dominicana en EE.UU. (agosto 2026)
- 8.2 millones: Visitantes que recibió RD en los primeros 8 meses de 2026
- 124 puntos: Declaración de Nueva Delhi de los BRICS para reformar el orden global (septiembre 2026)
La pregunta incómoda
¿Tiene República Dominicana una política exterior de Estado, o solo tiene una política exterior de gobierno que cambia cada cuatro años con el color del partido en el poder?
Las consecuencias
Lo que ya ocurre: RD pierde competitividad exportadora por aranceles que no anticipó. Recibe inversión china en infraestructura sin marcos regulatorios claros. Enfrenta presión migratoria haitiana sin una política regional coordinada. Depende de un solo mercado turístico (EE.UU.) para el 42% de sus visitantes.
Lo que podría ocurrir: Si el multipolarismo se profundiza y EE.UU. continúa su repliegue relativo, RD podría quedar en un vacío de poder sin aliados estratégicos claros. O, si diseña bien su estrategia, podría convertirse en un puente entre el orden occidental y el emergente, aprovechando su posición geográfica, su estabilidad institucional relativa y su capital humano en la diáspora.
Conclusión
El desorden global tiene un precio. Y los países pequeños siempre pagan más que los grandes. Pero el precio no es inevitable. Es el resultado de decisiones —o de la ausencia de ellas.
República Dominicana tiene los activos para navegar el multipolarismo con inteligencia. Lo que le falta es la voluntad política para construir una política exterior que trascienda los ciclos electorales, que involucre a la academia, al sector privado y a la diáspora, y que tenga como norte no la alineación ideológica sino el interés nacional.
En un mundo que se rompe, los que sobreviven no son los más fuertes. Son los más estratégicos.
Daniel Segundo Monzon es columnista de El Zafacón.





