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3:12 pm
Opinión

Deporte y cultura: Deuda pendiente

Columnista Daniel Segundo Monzón 28 de septiembre, 2026 2:00 am

Daniel Segundo Monzón
Director Editorial y Analista

28 de septiembre de 2026


Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón

Hay dos imágenes que definen el domingo dominicano. La primera: Jassel Pérez liderando al Girona en una cancha española, con el número de su camiseta y el nombre de su país grabados en cada jugada. La segunda: Mauricio Báez dominando el TBS Distrito en una cancha capitalina, ante una tribuna de vecinos que lo conocen desde niño.

Dos escenarios distintos. Dos momentos del mismo fenómeno: el talento dominicano que florece donde encuentra tierra fértil. La pregunta que este país lleva décadas sin responder con honestidad es: ¿cuánto de ese florecimiento es mérito individual y cuánto es política pública?

La trampa del campeón

República Dominicana tiene una relación peculiar con sus atletas y artistas. Los celebra cuando triunfan, los convierte en símbolos nacionales cuando ganan medallas o premios, y los olvida cuando el ciclo mediático avanza. Lo que rara vez hace es preguntarse qué sistema los produjo y si ese sistema puede reproducirse.

[HECHO] En los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026, República Dominicana alcanzó un récord histórico de 150 medallas. [ANÁLISIS] Ese número es impresionante. Pero detrás de cada medalla hay una historia de sacrificio individual que el Estado frecuentemente no acompañó con infraestructura, becas, entrenadores certificados o seguimiento médico sistemático.

[HECHO] El béisbol dominicano produce más jugadores en las Grandes Ligas que cualquier otro país fuera de Estados Unidos. [ANÁLISIS] Pero también produce casos como el del prospecto investigado por MLB por documentos falsificados, un síntoma de un sistema donde la presión por firmar joven supera la inversión en formación integral.

El talento existe. El sistema que lo sostiene, en muchos casos, no.

Los eventos no son política

Este fin de semana, República Dominicana y Argentina firmaron un acuerdo de turismo deportivo. La noticia circuló con entusiasmo en los medios. Pero un acuerdo firmado no es un programa implementado. Una cumbre celebrada no es una política ejecutada. Una feria del libro con alta asistencia no es acceso universal a la cultura.

[INTERPRETACIÓN] El país tiene una tendencia a confundir el anuncio con el logro, la firma con el resultado, el evento con la política. Y en el deporte y la cultura, esa confusión tiene consecuencias concretas: atletas que entrenan sin instalaciones adecuadas, artistas que crean sin mercado local sostenible, comunidades que producen talento sin recibir nada a cambio.

La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo cerró su edición 2026 con cifras récord de visitantes. Excelente. Pero la pregunta que nadie hace es: ¿cuántos de esos visitantes compraron libros? ¿Cuántos autores dominicanos vendieron suficiente para vivir de su escritura? ¿Cuántas bibliotecas públicas del interior del país recibieron donaciones de esa feria?

El turismo no puede ser el único argumento

Argentina se convirtió en el tercer mercado turístico de República Dominicana. El acuerdo de turismo deportivo busca profundizar esa relación. Bien. Pero hay una pregunta incómoda que el sector turístico prefiere no hacerse: ¿el deporte y la cultura dominicanos existen para los dominicanos o para los turistas?

[ESCENARIO] Si la única justificación para invertir en infraestructura deportiva es atraer visitantes extranjeros, entonces los atletas locales son decorado. Si la única razón para preservar la cultura dominicana es el marketing turístico, entonces los artistas son producto de exportación, no ciudadanos con derechos culturales.

El turismo puede ser un aliado del deporte y la cultura. Pero no puede ser su razón de ser.

Lo que los números no cuentan

El Ministerio de Deportes desarrolla 32 techados multiusos simultáneos en el Gran Santo Domingo. El MIVED supervisa la renovación del play de béisbol Cristo Redentor en Los Girasoles. Son avances reales. Pero la pregunta es si esas instalaciones tendrán mantenimiento en cinco años, si habrá entrenadores certificados para usarlas, si los niños del barrio tendrán acceso garantizado o si se convertirán en espacios subutilizados.

La infraestructura sin programa es cemento. El programa sin seguimiento es promesa. La promesa sin presupuesto es discurso.

Una tesis que vale la pena defender

El deporte y la cultura no son gastos suntuarios del Estado dominicano. Son inversiones en capital humano, cohesión social, salud pública y proyección internacional. Pero para que funcionen como tales, necesitan algo que en este país escasea: continuidad.

Continuidad en el financiamiento. Continuidad en los programas de formación. Continuidad en el acceso comunitario. Continuidad en la medición de resultados.

Jassel Pérez llegó a Europa porque alguien, en algún momento, le dio acceso a una cancha, a un entrenador y a una oportunidad. Mauricio Báez domina el TBS Distrito porque el torneo existe, tiene estructura y tiene público. Esos no son accidentes. Son el resultado de decisiones, algunas institucionales y muchas individuales, que el Estado dominicano debería sistematizar en lugar de celebrar como excepciones.

La pregunta incómoda

¿Cuántos Jassel Pérez se quedaron en el camino porque no hubo cancha, entrenador ni oportunidad? ¿Cuántos artistas dominicanos con talento real nunca llegaron a una tarima porque el sistema cultural no los encontró?

Esa es la pregunta que el país debería hacerse cada vez que celebra una medalla, un contrato de béisbol o un concierto exitoso. No para restarle mérito al triunfo, sino para entender que el triunfo individual no sustituye a la política pública.

Conclusión

República Dominicana tiene talento de sobra. Lo que le falta es un pacto nacional que convierta ese talento en sistema: acceso universal, formación continua, infraestructura mantenida, selección transparente, resultados publicados y rendición de cuentas.

El deporte y la cultura no son el espejo en el que el país se mira para sentirse bien. Son la política con la que el país decide qué tipo de sociedad quiere ser.

Esa decisión, todavía, está pendiente.

Daniel Segundo Monzon es columnista de El Zafacón.

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