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8:56 am
Opinión

El termómetro del bolsillo familiar: cuando el crecimiento no alcanza para llegar a fin de mes

Columnista Daniel Segundo Monzón 29 de septiembre, 2026 12:22 pm

Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón

Hay dos conversaciones sobre la economía dominicana que ocurren al mismo tiempo y casi nunca se encuentran. La primera habla de cifras: 4.5% de crecimiento entre enero y agosto de 2026, 118,631 nuevos ocupados en el primer trimestre, remesas que superaron los US$982 millones en enero. La segunda ocurre en los hogares, en los mercados, en las conversaciones de familia: el dinero no alcanza, los precios no bajan, el salario llega justo o no llega.

La encuesta RD Elige, divulgada este martes, pone números a esa segunda conversación. El 24.7% de los hogares dominicanos identifica el costo de vida como su principal problema. A nivel nacional, el 15.1% lo señala como el mayor desafío del país. Cuando se suman el costo de vida, los bajos salarios y el desempleo, los problemas económicos concentran más de la mitad de las preocupaciones domésticas.

Los hechos

[HECHO] El Banco Central reportó un crecimiento económico de 4.5% entre enero y agosto de 2026.

[HECHO] La encuesta RD Elige sitúa el costo de vida como el principal problema del hogar para el 24.7% de los consultados.

[HECHO] El Banco Central informó 118,631 nuevos ocupados en el primer trimestre de 2026.

[HECHO] Las remesas superaron los US$982 millones en enero de 2026.

La brecha que importa

[ANÁLISIS] El crecimiento económico es real. Los datos del Banco Central no se inventan. Pero el crecimiento del PIB mide el valor total de lo que produce una economía, no cómo se distribuye ese valor entre los hogares. Una economía puede crecer mientras los salarios reales se estancan, mientras los precios de los alimentos suben más rápido que los ingresos, mientras el empleo formal crece pero en sectores de baja remuneración.

[INTERPRETACIÓN] La distancia entre el 4.5% de crecimiento y el 24.7% de hogares que señalan el costo de vida como su principal problema no es una contradicción estadística. Es una señal de que los indicadores agregados y los indicadores de bienestar cotidiano miden cosas distintas.

El contexto

República Dominicana ha mantenido tasas de crecimiento económico superiores al promedio regional durante la última década. Ese crecimiento ha generado empleo, ha atraído inversión y ha expandido la clase media. Pero también ha convivido con una inflación que erosiona el poder adquisitivo, con un mercado laboral que ofrece más empleos formales pero no necesariamente mejores salarios, y con una estructura de precios en la que los bienes básicos representan una proporción mayor del gasto de los hogares de menores ingresos.

Tesis central

El crecimiento económico es necesario pero no suficiente para mejorar el bienestar de los hogares. La política económica dominicana necesita indicadores complementarios —inflación de canasta básica, salario real, capacidad de ahorro familiar— que permitan evaluar si el crecimiento se traduce en mejoras concretas para las familias de menores y medianos ingresos.

Los argumentos

1. El PIB no mide el bolsillo. El crecimiento del Producto Interno Bruto refleja la actividad económica total, no su distribución. Los datos de RD Elige sugieren que una parte significativa de la población dominicana percibe estancamiento o deterioro en su capacidad de compra.

2. El empleo formal no garantiza bienestar. El aumento de 118,631 ocupados en el primer trimestre es positivo. Pero el empleo formal en sectores de baja remuneración puede no ser suficiente para cubrir el costo de vida en las ciudades dominicanas.

3. La inflación tiene distribución desigual. Los hogares de menores ingresos destinan una proporción mayor de su presupuesto a bienes básicos. Cuando los precios de los alimentos y el transporte suben, el impacto es proporcionalmente mayor para ellos.

4. La comunicación económica importa. Cuando el Gobierno presenta cifras de crecimiento y los hogares sienten que el dinero no alcanza, se genera una desconexión que erosiona la confianza institucional.

El contrapunto

El Gobierno tiene razones para señalar los indicadores positivos. El crecimiento sostenido ha generado empleo y ha reducido la pobreza en términos absolutos. La percepción ciudadana puede estar influida por factores globales que escapan al control de la política económica doméstica. Pero ignorar lo que miden esas percepciones sería un error de política pública.

Datos clave

La pregunta incómoda

¿Cuántos años más puede crecer la economía dominicana al 4.5% sin que ese crecimiento se traduzca en una reducción perceptible del costo de vida para los hogares de menores ingresos, antes de que la desconexión entre los indicadores y la realidad cotidiana se convierta en un problema político de primer orden?

Conclusión

El termómetro del bolsillo familiar mide algo que el PIB no puede capturar: la distancia entre lo que crece la economía y lo que llega a la mesa. Esa distancia no es un problema de percepción ni de comunicación. Es un problema de política económica que requiere indicadores más precisos, distribución más equitativa del crecimiento y una conversación pública más honesta sobre qué significa crecer y para quién.

La economía dominicana puede seguir creciendo. Pero si ese crecimiento no se siente en el bolsillo de la mayoría, el termómetro seguirá marcando fiebre.

Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón

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