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10:52 pm
Opinión

Los Juegos Deportivos Universitarios 2026: el semillero que República Dominicana no puede seguir ignorando

Columnista Daniel Segundo Monzón 4 de octubre, 2026 6:43 am

Por Daniel Segundo Monzón

El pasado 2 de octubre, el Palacio del Voleibol fue escenario de algo que, en otro país, habría merecido portadas y editoriales de celebración: la inauguración de los Juegos Deportivos Universitarios 2026, con más de 2,300 atletas de 23 instituciones de educación superior compitiendo en 16 disciplinas. Un crecimiento superior al 40% respecto a la edición anterior. El presidente Luis Abinader presente. El ministro Kelvin Cruz al frente. Y, sin embargo, la noticia pasó casi inadvertida en el ruido cotidiano de la agenda nacional.

Eso, en sí mismo, ya es un problema.

El deporte universitario: la pieza que siempre faltó

República Dominicana ha construido su identidad deportiva sobre dos pilares: el béisbol y, más recientemente, el atletismo de élite. Marileidy Paulino, Liranyi Alonso, Luguelin Santos. Nombres que brillan en escenarios internacionales y que alimentan el orgullo nacional. Pero detrás de esos nombres hay trayectorias individuales, muchas veces sostenidas por el esfuerzo personal y familiar, no por un sistema institucional robusto que los haya formado desde las aulas.

El deporte universitario ha sido, históricamente, la pieza que faltó en ese rompecabezas. Mientras países como Cuba, Brasil o México construyeron semilleros de alto rendimiento dentro de sus universidades —produciendo atletas que luego representaron a sus naciones en Juegos Olímpicos y Panamericanos—, la República Dominicana tardó décadas en articular un sistema universitario deportivo coherente y sostenido.

Los Juegos Deportivos Universitarios no son nuevos. Pero su rescate y expansión bajo la actual gestión del Miderec sí representa un cambio de enfoque que merece ser reconocido y, sobre todo, exigido como política permanente.

2,300 atletas: una cifra que obliga a pensar en serio

Que 2,300 estudiantes-atletas de 23 universidades —desde la UASD hasta el ITLA, desde la PUCMM hasta la UCATECI— compitan en ajedrez, atletismo, baloncesto, béisbol, fútbol, judo, karate, natación, taekwondo, tenis y voleibol, no es un dato menor. Es una señal de que existe una masa crítica de talento joven que el sistema formal de alto rendimiento todavía no ha captado ni canalizado.

La pregunta que nadie está haciendo en voz alta es: ¿cuántos de esos 2,300 atletas tienen el potencial de representar al país en los Juegos Panamericanos de Lima 2027 o en los Olímpicos de Los Ángeles 2028? ¿Cuántos están siendo observados por las federaciones nacionales? ¿Cuántos recibirán apoyo técnico, nutricional y de preparación física más allá de estos tres fines de semana de competencia?

Si la respuesta es "muy pocos" o "ninguno de manera sistemática", entonces los Juegos Universitarios corren el riesgo de convertirse en un evento de buena voluntad sin consecuencias reales para el desarrollo deportivo del país.

El modelo que funciona: academia y cancha, no una o la otra

El modelo que ha demostrado resultados en el mundo no separa la formación académica de la deportiva: las integra. Las universidades norteamericanas producen atletas olímpicos porque tienen infraestructura, becas, entrenadores de alto nivel y un sistema de scouting que conecta el talento universitario con las selecciones nacionales. En Europa, los clubes deportivos universitarios son la antesala de las ligas profesionales en múltiples disciplinas.

República Dominicana tiene la oportunidad —y ahora, con estos Juegos, el precedente— de construir ese puente. Pero requiere más que una inauguración con el presidente y tres fines de semana de competencia. Requiere presupuesto sostenido, convenios entre el Miderec, el Mescyt y las federaciones deportivas, y un sistema de seguimiento de talentos que no termine cuando se apagan las luces del Palacio del Voleibol el 18 de octubre.

La LIDOM arranca el 16 de octubre: el contraste que incomoda

En doce días, el 16 de octubre, arrancará la temporada regular de la LIDOM 2026-2027 con tres juegos simultáneos en Santo Domingo, Santiago y La Romana. El béisbol profesional dominicano moverá millones, llenará estadios y acaparará la atención mediática durante meses. Eso está bien. El béisbol es parte de nuestra identidad y nuestra economía.

Pero el contraste es revelador: mientras la pelota profesional tiene infraestructura, inversión privada, cobertura televisiva y un ecosistema completo, el deporte universitario —que es donde se forman los atletas de otras disciplinas— opera con Comedores Económicos y el sistema de transporte estudiantil TRAE como principales apoyos logísticos. No es un reproche; es un diagnóstico.

Un país que quiere competir en Los Ángeles 2028 con más que béisbol y atletismo necesita invertir en el semillero universitario con la misma seriedad con que invierte en la pelota.

La oportunidad está sobre la mesa

El rector de la Asociación de Rectores Universitarios Dominicanos, Isaac García de la Cruz, elogió al Ministerio de Deportes por establecer estos juegos como un pilar consistente del calendario deportivo nacional. Es un reconocimiento que vale, pero que también impone una responsabilidad: la consistencia no puede depender de la voluntad política de un ministro o de un gobierno. Debe institucionalizarse.

República Dominicana tiene 2,300 razones para tomarse en serio el deporte universitario. Tiene la infraestructura dispersa en 23 universidades. Tiene el talento. Lo que falta es la decisión de convertir estos Juegos en el primer eslabón de una cadena que llegue hasta los podios internacionales.

El semillero está plantado. La pregunta es si tenemos la paciencia —y la política pública— para regarlo.

Daniel Segundo Monzón es columnista de El Zafacón.

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