Por Daniel Segundo Monzon / Columnista de El Zafacón
Hay un momento en la historia de las naciones pequeñas en que el mundo cambia tan rápido que la política exterior queda obsoleta antes de que la tinta de los acuerdos se seque. Ese momento es ahora. Y República Dominicana, con su economía abierta, su dependencia del dólar y su posición estratégica en el Caribe, está navegando en aguas turbulentas sin un mapa actualizado.
La Declaración de Nueva Delhi del BRICS —124 puntos que proponen reformar la ONU, desdolarizar el comercio y rechazar las sanciones unilaterales— no es solo un documento diplomático. Es una señal de que el orden mundial que conocimos desde 1945 está siendo desafiado desde adentro, por países que representan más del 40% del PIB global y más de la mitad de la población del planeta.
[HECHO] El mundo se reorganiza sin pedir permiso
El BRICS ya no es el club de economías emergentes que se reunía a tomar fotos. Con la incorporación de Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía y Egipto, el bloque se convirtió en un actor geopolítico de primer orden. Su propuesta de desdolarización a través de la plataforma mBridge —que permite transacciones entre bancos centrales sin pasar por el sistema SWIFT— no es ciencia ficción. Es una infraestructura financiera que ya opera.
Al mismo tiempo, la 81ª Asamblea General de la ONU cerró sin avances decisivos en los principales conflictos del mundo. Ucrania sigue en guerra. Gaza sigue en llamas. Haití sigue sin Estado funcional. El multilateralismo, tal como lo conocemos, está en cuidados intensivos.
[ANÁLISIS] ¿Dónde está República Dominicana en este tablero?
La respuesta honesta es: en un lugar incómodo. El país tiene una economía profundamente integrada al dólar y a los mercados estadounidenses. El 80% de sus exportaciones van a Estados Unidos. Las remesas —más de US$10,000 millones anuales— vienen principalmente de la diáspora en ese país. Cualquier movimiento hacia la desdolarización o el debilitamiento del sistema financiero occidental nos afecta directamente.
Pero al mismo tiempo, China es nuestro segundo socio comercial. Brasil es un mercado creciente. India es un inversor emergente en el Caribe. Y el BRICS, con su propuesta de reforma de la ONU, toca fibras que también resuenan en Santo Domingo: la necesidad de un sistema internacional más justo, donde los países pequeños tengan más voz.
[INTERPRETACIÓN] La trampa de la neutralidad cómoda
República Dominicana ha cultivado históricamente una política exterior de bajo perfil: aliada de Estados Unidos en lo fundamental, amiga de todos en lo posible, comprometida con nadie en lo difícil. Esa estrategia funcionó en un mundo bipolar y luego unipolar. En un mundo multipolar, puede convertirse en una trampa.
La neutralidad cómoda tiene un costo: cuando los grandes bloques se consolidan, los países que no han construido alianzas estratégicas sólidas quedan a merced de las decisiones de otros. Y en un mundo donde el acceso a tecnología, financiamiento y mercados depende cada vez más de la pertenencia a redes de alianzas, quedarse fuera tiene consecuencias concretas.
[ESCENARIO] Lo que podría ocurrir
Si la desdolarización avanza —aunque sea parcialmente— en el comercio de materias primas, el sistema de reservas internacionales dominicano, denominado en dólares, enfrentará presiones que hoy no contemplamos. Si la reforma de la ONU prospera y el Consejo de Seguridad se amplía, el peso relativo de los aliados tradicionales de RD disminuirá. Si el BRICS consolida su propio sistema de pagos, las remesas de dominicanos en países miembros podrían fluir por canales distintos al actual.
Ninguno de estos escenarios es inminente. Pero todos son posibles en un horizonte de cinco a diez años. Y la política exterior se diseña para ese horizonte, no para el próximo ciclo electoral.
Datos clave
- BRICS 2026: Representa el 40% del PIB global y más del 50% de la población mundial.
- Declaración de Nueva Delhi: 124 puntos aprobados en la cumbre de septiembre 2026.
- Comercio RD-EE.UU.: 80% de las exportaciones dominicanas tienen como destino el mercado estadounidense.
- Remesas 2026: Superan los US$10,000 millones anuales, principalmente desde EE.UU.
- IED en RD: US$3,270 millones en el primer semestre de 2026, récord histórico.
La pregunta incómoda
¿Tiene República Dominicana una estrategia geopolítica para los próximos diez años, o simplemente reacciona a los eventos cuando ya es tarde para influir en ellos?
Conclusión
El mundo multipolar no es una amenaza ni una oportunidad en sí mismo. Es una realidad que exige más inteligencia estratégica, más diversificación de alianzas y más claridad sobre qué intereses nacionales son innegociables. República Dominicana tiene activos valiosos: posición geográfica, estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido y una diáspora influyente. La pregunta es si sabremos usarlos con visión de largo plazo o si seguiremos improvisando en un tablero que otros diseñan.
El orden global se reinventa. La pregunta no es si nos afectará. La pregunta es si estaremos listos.
Daniel Segundo Monzon es columnista de El Zafacón.





