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3:57 pm
Opinión

Brasil en segunda vuelta: lo que el balotaje Bolsonaro-Lula le dice al Caribe

Columnista Daniel Segundo Monzón 5 de octubre, 2026 11:48 pm

El 4 de octubre de 2026, Brasil votó. Y aunque las urnas cerraron en São Paulo y Brasilia, el eco de esa jornada llegó hasta el Caribe con una claridad que no podemos ignorar. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato del Partido Liberal, obtuvo el 47,03% de los votos en la primera vuelta, superando al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien alcanzó el 45,16%. Ninguno cruzó el umbral del 50%, así que el 25 de octubre habrá balotaje. Pero el mensaje ya está sobre la mesa: América Latina gira, y República Dominicana no puede mirar para otro lado.

El resultado que nadie esperaba

La mayoría de los analistas proyectaban un empate técnico o una ligera ventaja para Lula. Lo que ocurrió fue otra cosa: el bolsonarismo no solo sobrevivió al encarcelamiento del padre, sino que se reinventó con el hijo. Flávio Bolsonaro capitalizó el descontento con el costo de vida, la inseguridad y la percepción de que el gobierno de Lula no cumplió las expectativas de los sectores más vulnerables que lo llevaron al poder en 2022. El Partido Liberal también arrasó en el Congreso, obteniendo 121 escaños en la Cámara de Diputados y 28 en el Senado. Tarcísio de Freitas fue reelegido gobernador de São Paulo en primera vuelta. Michelle Bolsonaro llegó al Senado. La familia regresó con fuerza.

Donald Trump celebró el resultado como una "gran victoria". Javier Milei lo interpretó como un paso contra el "comunismo". La señal ideológica es inequívoca: la ola conservadora en América Latina no es un accidente, es una tendencia estructural que responde a frustraciones reales de ciudadanos que no se sienten representados por las izquierdas en el poder.

¿Por qué le importa esto a República Dominicana?

Brasil es la octava economía del mundo y el gigante indiscutible de América Latina. Lo que ocurra en Brasilia el 25 de octubre tendrá consecuencias directas para la región, y por extensión, para nosotros.

Primero, el comercio. Brasil es uno de los principales socios comerciales de la región caribeña. Un gobierno de Bolsonaro hijo, alineado con Trump y con una agenda de desregulación agresiva, podría reconfigurar los acuerdos comerciales regionales, incluyendo el proceso del acuerdo UE-Mercosur, que lleva años negociándose y que afecta indirectamente las condiciones de acceso de productos caribeños a mercados europeos.

Segundo, la migración. Brasil ha sido en los últimos años un corredor de tránsito para migrantes venezolanos, haitianos y de otras nacionalidades que eventualmente presionan las fronteras del Caribe. Un gobierno más restrictivo en Brasilia podría alterar esos flujos y redirigirlos hacia el norte, con consecuencias para países como el nuestro.

Tercero, el alineamiento geopolítico. Un Brasil bolsonarista en 2027 significaría un hemisferio occidental con Washington, Buenos Aires y Brasilia en la misma sintonía ideológica. Eso cambia el peso de los organismos regionales, la dinámica de la CELAC, el CARICOM y los foros donde República Dominicana tiene voz. Navegar ese escenario requiere claridad estratégica, no improvisación.

La segunda vuelta como termómetro regional

El 25 de octubre no es solo una elección brasileña. Es un termómetro del estado de la democracia latinoamericana. Lula tiene tres semanas para convencer a los más de 33 millones de brasileños que se abstuvieron en la primera vuelta. Bolsonaro tiene que consolidar alianzas de centro-derecha y evitar que el escándalo del Banco Master, que salpicó su campaña en los días previos al 4 de octubre, le reste votos en la recta final.

Lo que está en juego no es solo quién gobierna Brasil. Es qué tipo de región queremos ser. Si el modelo de democracia liberal, con sus imperfecciones, sigue siendo el marco de referencia compartido, o si avanzamos hacia un continente donde el populismo de derecha y el de izquierda se turnan el poder sin que las instituciones ganen terreno real.

Lo que RD debe hacer

República Dominicana tiene que observar este proceso con inteligencia estratégica, no con simpatías ideológicas. Independientemente de quién gane el 25 de octubre, el gobierno dominicano debe tener una postura clara sobre sus intereses en la región: acceso a mercados, cooperación en seguridad, manejo de flujos migratorios y posicionamiento en los foros multilaterales.

El error sería apostar por un candidato y quedar mal parado si gana el otro. La diplomacia dominicana ha sabido navegar aguas turbulentas antes. Este es otro momento para demostrar que la política exterior no se improvisa.

Brasil votó. El Caribe escucha. La pregunta es si República Dominicana tiene algo que decir.

Por Daniel Segundo Monzón

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