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8:57 am
Opinión

El turismo que vale 12,500 millones: ¿quién se lleva la parte del león?

Columnista Daniel Segundo Monzón 6 de octubre, 2026 7:57 am

Por Daniel Segundo Monzón

Hay una cifra que el gobierno dominicano repite con orgullo cada vez que puede: US$12,500 millones en ingresos turísticos proyectados para 2026. Es un número impresionante. Es, de hecho, el mayor en la historia del país. Y sin embargo, hay una pregunta que nadie en los pasillos del poder quiere responder con honestidad: ¿a quién le llega ese dinero?

La respuesta incómoda es que, en su mayor parte, no llega a donde debería.

El enclave que no se conecta

República Dominicana recibió más de 8.5 millones de visitantes entre enero y agosto de 2026. Los hoteles de Punta Cana y La Romana reportan tasas de ocupación superiores al 88%. El Banco Central proyecta que el turismo representará más del 15% del PIB al cierre del año. Son datos que cualquier ministro exhibiría con satisfacción.

Pero detrás de esos números hay una arquitectura económica que, por diseño o por omisión, concentra los beneficios en pocas manos. Los grandes complejos de todo incluido —muchos de ellos operados por cadenas internacionales— funcionan como enclaves cerrados: el turista llega, consume, se va, y la mayor parte del gasto queda dentro del perímetro del resort. El agricultor de San Juan de la Maguana, el artesano de Higüey, el pescador de Miches, ven pasar ese dinero desde lejos.

No es una acusación. Es una estructura. Y reconocerla es el primer paso para cambiarla.

El 10% que concentra el 45%

El economista Joseph Stiglitz, en un análisis citado por medios dominicanos en septiembre de 2026, advirtió que el 10% más rico de la población dominicana concentra el 45% de los ingresos, mientras el 50% más pobre recibe apenas el 11%. El turismo, lejos de corregir esa brecha, tiende a amplificarla cuando no existe una política deliberada de encadenamiento productivo.

¿Qué significa eso en términos concretos? Que en 2025, el sector turístico compró más de RD$220,000 millones en bienes y servicios nacionales —una cifra que suena enorme— pero que sigue siendo insuficiente si se compara con el volumen total de importaciones que realizan los hoteles para satisfacer estándares internacionales. El arroz que come el turista en el buffet puede ser dominicano. El vino que bebe, casi con certeza, no lo es.

La promesa de Miches y Pedernales

El gobierno ha apostado por la expansión hacia nuevos polos turísticos: Miches, Pedernales, Barahona. La lógica es correcta: diversificar la oferta, llevar el turismo a zonas históricamente marginadas, crear empleo donde no lo hay. Pero la experiencia de Punta Cana —que pasó de ser un coco palmar a convertirse en el destino más visitado del Caribe en pocas décadas— enseña que el crecimiento sin planificación territorial produce comunidades que viven al lado del paraíso sin poder entrar.

Si Miches se desarrolla con el mismo modelo de enclave que Bávaro, habremos repetido el error. Si se desarrolla con encadenamientos reales, con proveedores locales integrados, con infraestructura pública que beneficie a los residentes y no solo a los turistas, entonces sí estaremos hablando de desarrollo.

Lo que el número no dice

US$12,500 millones es un titular. Pero el titular que falta es este: ¿cuánto de eso queda en manos dominicanas? ¿Cuánto se va en remesas corporativas de cadenas extranjeras? ¿Cuánto se pierde en importaciones que podrían sustituirse con producción nacional? ¿Cuánto llega a las comunidades que rodean los resorts?

Esas preguntas no tienen respuesta pública. Y eso, en sí mismo, es un problema de gobernanza económica.

El turismo dominicano es un éxito. Nadie lo niega. Pero un éxito que no se distribuye es, a largo plazo, una bomba de tiempo social. La desigualdad no se resuelve con más visitantes; se resuelve con mejores políticas de encadenamiento, con reforma fiscal progresiva, con inversión en los productores locales que hoy no pueden cumplir los estándares de volumen que exigen los grandes hoteles.

El boom turístico de 2026 es real. La pregunta es si será recordado como el año en que República Dominicana aprendió a distribuir su riqueza, o como otro récord que quedó en los titulares mientras el bolsillo de la mayoría seguía igual.

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