Por Daniel Segundo Monzón
Cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, muchos en el Caribe pensaron que la retórica sería mayor que la acción. Se equivocaron. En enero de 2026, una operación militar estadounidense capturó a Nicolás Maduro en Venezuela. El mensaje fue inequívoco: la Doctrina Monroe no solo había resucitado, sino que había mutado en algo más agresivo, más transaccional y más impredecible. Los analistas la llaman la "Doctrina Donroe", un cruce entre el apellido del presidente y el principio geopolítico que desde 1823 ha definido la relación de Washington con el hemisferio occidental.
Para República Dominicana, esto no es un asunto lejano. Es una realidad que ya está redefiniendo el margen de maniobra del país.
El Caribe como "Mare Nostrum" de Washington
La Doctrina Donroe, formalizada en la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025, no se limita a evitar la influencia de potencias externas. Va más lejos: convierte al Caribe en una zona de seguridad interna de Estados Unidos. El narcotráfico, la migración irregular y la presencia de China en infraestructura portuaria y telecomunicaciones son tratados como amenazas directas a la seguridad nacional estadounidense. Y cuando Washington define algo como amenaza a su seguridad, los países pequeños de la región dejan de tener política exterior autónoma para convertirse en variables de una ecuación que no controlaron.
República Dominicana ya lo ha sentido. El gobierno del presidente Luis Abinader rechazó invitar a Venezuela, Cuba y Nicaragua a la Cumbre de las Américas prevista en Punta Cana, alineándose con las presiones de Washington. Tras la captura de Maduro, Santo Domingo reafirmó que nunca reconoció su legitimidad. Son decisiones que tienen lógica en el corto plazo, pero que encierran una pregunta que el país no puede seguir evitando: ¿hasta dónde llega el alineamiento antes de que deje de ser una elección y se convierta en una obligación?
El costo de ser aliado en un mundo transaccional
La administración Trump no opera bajo el paradigma de las alianzas ideológicas. Opera bajo el paradigma del intercambio. Los países que cooperan reciben incentivos: reducción de aranceles, acceso a mercados, respaldo diplomático. Los que no cooperan enfrentan presión, sanciones o, en el caso extremo de Venezuela, intervención directa. Este modelo transaccional tiene una trampa para países como República Dominicana: el precio de la cooperación puede subir en cualquier momento, y el aliado más pequeño siempre tiene menos poder de negociación.
Hoy, las decisiones dominicanas sobre inversión china en puertos, sobre la gestión de la frontera con Haití, sobre las relaciones comerciales con Cuba, son observadas bajo una lupa de seguridad nacional en Washington. No porque República Dominicana sea un actor estratégico de primer orden, sino precisamente porque no lo es: los países pequeños son los primeros en ser presionados cuando las grandes potencias necesitan demostrar que su doctrina tiene dientes.
Lo que RD necesita entender
La Doctrina Donroe no es una amenaza para República Dominicana en el sentido convencional. Nadie en Washington está pensando en una operación militar en Santo Domingo. Pero sí es una restricción real sobre la autonomía estratégica del país. Y esa restricción exige una respuesta que va más allá del alineamiento automático.
República Dominicana necesita una política exterior de Estado, no de gobierno. Una política que sepa aprovechar la relación con Washington sin convertirla en dependencia total. Que diversifique alianzas sin provocar fricciones innecesarias. Que entienda que en un mundo donde los aranceles son armas y las bases militares son moneda de cambio, la neutralidad ingenua es tan peligrosa como la subordinación ciega.
El Caribe ya no puede mirar para otro lado. La Doctrina Donroe llegó, y con ella la exigencia de que cada país de la región decida, con claridad y con estrategia, qué lugar quiere ocupar en el tablero que Washington está redibujando. República Dominicana tiene activos reales: estabilidad institucional relativa, posición geográfica privilegiada, una diáspora influyente en Estados Unidos. La pregunta es si tiene también la visión para usarlos.
Porque en geopolítica, los que no tienen estrategia propia terminan siendo la estrategia de otro.





