AL MOMENTO
Haití: misión aún incompleta ● Geopolítica: El costo del desorden ● Fallece Eva Marie Saint, la legendaria ganadora del Oscar y musa de Alfred Hitchcock ● Fuerzas de Yemen recuperan el control de Mocha tras masiva ofensiva contra hutíes ● Muere Piero, el legendario cantautor de 'Mi viejo', a los 81 años ● JCE y partidos avanzan en la transparencia del uso de fondos públicos ● Hutíes intensifican ataques con misiles en Yemen tras tres años de conflicto ● Haití: misión aún incompleta ● Geopolítica: El costo del desorden ● Fallece Eva Marie Saint, la legendaria ganadora del Oscar y musa de Alfred Hitchcock ● Fuerzas de Yemen recuperan el control de Mocha tras masiva ofensiva contra hutíes ● Muere Piero, el legendario cantautor de 'Mi viejo', a los 81 años ● JCE y partidos avanzan en la transparencia del uso de fondos públicos ● Hutíes intensifican ataques con misiles en Yemen tras tres años de conflicto
1:08 am
Opinión

La plata del Sub-15 y el decreto que llegó justo a tiempo: lo que la derrota ante EE.UU. le exige al béisbol dominicano

Columnista Daniel Segundo Monzón 4 de octubre, 2026 11:00 pm

Por Daniel Segundo Monzón

El 4 de octubre de 2026, en el Parque Kukulcán Álamo de Mérida, México, la selección dominicana Sub-15 de béisbol perdió la final del Mundial ante Estados Unidos. El marcador no importa tanto como lo que ese partido reveló: tenemos el talento, pero aún no tenemos el sistema.

Llegar a una final mundial en béisbol Sub-15 no es un accidente. Es el resultado de años de trabajo silencioso en academias, ligas de barrio y patios de tierra donde niños dominicanos aprenden a batear antes de aprender a leer el reloj. La República Dominicana acumuló 95 carreras en el torneo, venció a Japón, Cuba, Alemania, Nicaragua y China Taipéi. Eso no es suerte. Eso es cantera.

Pero la derrota ante Estados Unidos —dos veces en el mismo torneo, incluyendo la final— no puede leerse solo como un resultado deportivo. Es un diagnóstico. El equipo estadounidense no tiene más talento individual que el nuestro. Lo que tiene es un sistema de formación más estructurado, con mayor continuidad pedagógica, mejores condiciones de entrenamiento y una cadena de desarrollo que no depende del azar ni de la generosidad de un scout.

El decreto que llegó justo a tiempo

En agosto de 2026, el Poder Ejecutivo promulgó el Decreto 601-26, que establece un nuevo marco regulatorio para el béisbol dominicano desde las pequeñas ligas hasta el nivel profesional. El decreto crea el Registro Nacional del Sistema de Béisbol, obliga a academias, entrenadores y representantes a certificarse, y pone énfasis especial en la protección de los menores: prohíbe el sobreentrenamiento, exige que la práctica deportiva no interfiera con la educación, y establece estándares de higiene y trato digno en las academias que ofrecen alojamiento.

Es, en papel, exactamente lo que el béisbol dominicano necesitaba desde hace décadas. La pregunta es si llegará a tiempo para la próxima generación.

Porque el problema no es la ausencia de talento. El problema es que ese talento ha sido históricamente tratado como materia prima en bruto: se extrae, se exporta y se descarta si no rinde en los primeros años. Las academias de las Grandes Ligas en suelo dominicano han operado durante décadas con una lógica de selección, no de formación. Firman a decenas de prospectos con la expectativa de que uno o dos lleguen. Los demás quedan en el camino, muchas veces sin educación, sin oficio y sin béisbol.

Lo que la plata nos exige

La medalla de plata del Sub-15 no es un fracaso. Es una señal de que el talento existe y que, cuando se organiza mínimamente, compite con los mejores del mundo. Pero también es una advertencia: sin un sistema de formación sólido, ese talento seguirá siendo desperdiciado en su mayoría.

El Decreto 601-26 apunta en la dirección correcta. Pero un decreto sin fiscalización es solo papel. La Dirección del Comisionado Nacional de Béisbol necesita recursos, personal capacitado y voluntad política para inspeccionar academias, sancionar irregularidades y garantizar que los niños que entrenan en esas instalaciones reciban educación, atención médica y un entorno digno.

Además, el Estado dominicano debe asumir un rol más activo en la formación de entrenadores. No podemos depender exclusivamente de las academias de las Grandes Ligas para desarrollar nuestro talento. Necesitamos entrenadores dominicanos certificados, con metodología moderna, que trabajen en las ligas de barrio y en los colegios, no solo en las academias privadas.

El espejo que no podemos ignorar

Cuando un equipo de 15 años llega a la final del mundo, el país celebra. Está bien celebrar. Pero la celebración no puede ser el punto final del análisis. Debe ser el punto de partida de una conversación seria sobre qué tipo de sistema queremos construir para los próximos diez años.

Estados Unidos ganó esa final porque tiene un sistema. Nosotros tenemos talento. La diferencia entre los dos es lo que el Decreto 601-26 tiene la oportunidad histórica de comenzar a cerrar.

La plata del Sub-15 no es una derrota. Es una deuda que el béisbol dominicano tiene con sus propios niños. Y pagarla requiere más que un decreto: requiere voluntad, inversión y la decisión de tratar a esos jóvenes como el futuro que son, no como la materia prima que hemos sido tentados a ver en ellos.

Daniel Segundo Monzón es columnista de El Zafacón.

Compartir esta noticia