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8:58 am
Opinión

El mundo que nos viene: geopolítica, fragmentación y el lugar de República Dominicana en el nuevo orden global

Columnista Daniel Segundo Monzón 28 de septiembre, 2026 8:24 pm

El mundo que conocimos durante las últimas tres décadas —aquel orden liberal construido sobre la hegemonía estadounidense, las instituciones multilaterales y el libre comercio— está siendo reemplazado por algo más complejo, más incierto y, para países pequeños como el nuestro, más peligroso.

No se trata de un cambio repentino. Es una transformación que lleva años gestándose: el ascenso de China como potencia global, la guerra en Ucrania que reconfiguró las alianzas europeas, la expansión de los BRICS como bloque alternativo, y la creciente desconfianza hacia las instituciones internacionales que alguna vez prometieron un mundo más justo y ordenado.

En este nuevo escenario, los países pequeños enfrentan una presión inédita: elegir bandos en conflictos que no son suyos, alinearse con potencias que tienen agendas propias, o intentar navegar con autonomía en un mar de intereses cruzados. República Dominicana no escapa a esta realidad.

Nuestra posición geográfica, nuestra dependencia del comercio con Estados Unidos, nuestra relación con la diáspora y nuestra vulnerabilidad ante los shocks externos nos obligan a pensar con más claridad que nunca qué tipo de política exterior queremos y necesitamos.

La respuesta no puede ser la subordinación automática a ningún bloque. Tampoco puede ser la neutralidad pasiva que nos deja sin voz en los foros donde se deciden las reglas del juego. Lo que necesitamos es una política exterior activa, diversificada y basada en nuestros intereses nacionales concretos: acceso a mercados, inversión, seguridad energética, protección de nuestra diáspora y defensa de nuestra soberanía.

El presidente Abinader ha dado pasos en esa dirección con su participación en la ONU, los acuerdos bilaterales firmados y el posicionamiento del país como base del Escudo de las Américas. Pero la política exterior no puede ser solo reactiva ni puede depender de la agenda de un solo socio.

El mundo que nos viene exige que República Dominicana construya capacidades propias: diplomáticos formados, inteligencia económica, alianzas diversificadas y una narrativa clara sobre quiénes somos y qué queremos en el concierto de las naciones. No es un lujo. Es una necesidad de supervivencia en un orden global que ya no perdona la improvisación.

Por Daniel Segundo Monzon

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