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1:12 am
Opinión

La cultura dominicana entre el espectáculo y el olvido: cuando el presupuesto no llega a los creadores

Columnista Daniel Segundo Monzón 4 de octubre, 2026 2:35 am

Por Daniel Segundo Monzón

Hay algo profundamente revelador en que la República Dominicana pueda organizar los Juegos Centroamericanos y del Caribe más grandes de la historia, con una ceremonia de apertura que dejó al mundo sin palabras, y al mismo tiempo tenga un sector cultural que sobrevive con migajas, sin un Plan Nacional de Cultura que trascienda los cambios de gobierno y sin mecanismos transparentes para que los fondos lleguen a quienes realmente crean.

Esta semana, la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026 abrió sus puertas en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte con Panamá como invitado de honor. Más de 35 representantes panameños trajeron literatura, cine, música, teatro, danza y gastronomía. El evento es genuinamente importante. Pero también es, en cierta medida, un espejo incómodo: somos capaces de recibir la cultura del mundo con alfombra roja, mientras los escritores, músicos y artistas dominicanos que no tienen apellido famoso ni padrino político siguen esperando que el Estado los vea.

El número que no cuadra

El Ministerio de Cultura tiene un presupuesto aprobado para 2026 de RD$4,419,749,461. Es una cifra que suena robusta. Pero cuando se desglosa, el panorama cambia: RD$2,386 millones van a remuneraciones —salarios, sobresueldos, dietas—, y apenas RD$5.2 millones están destinados a obras en edificaciones e infraestructura. Las transferencias al sector privado existen, pero sin convocatorias abiertas ni criterios públicos de selección.

El debate que ha surgido en el sector cultural es legítimo y urgente: ¿cuánto de ese presupuesto llega a la creación real? ¿Cuánto se queda en la burocracia? ¿Cuántos artistas, escritores, músicos de provincia, compañías de teatro independientes, grupos de danza folclórica reciben apoyo concreto y medible del Estado dominicano?

El legado de los Juegos: más que medallas

Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 fueron, sin duda, el acontecimiento cultural y deportivo más importante del año. La ceremonia de clausura, con Juan Luis Guerra interpretando "Canto a la Patria" ante miles de atletas de 37 países, fue un momento de dominicanidad pura que ningún presupuesto puede fabricar: emerge de décadas de identidad construida desde abajo, desde los barrios, desde las escuelas de música, desde los patios donde se aprende a bailar merengue antes de saber leer.

Pero ese momento también plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa después del espectáculo? El Centro Olímpico Juan Pablo Duarte fue remodelado. El Palacio de los Deportes Virgilio Travieso Soto fue inaugurado. La infraestructura existe. ¿Y la política cultural que la sostenga? ¿Y los programas que conviertan ese impulso en oportunidades reales para los jóvenes dominicanos que quieren ser atletas, músicos, escritores, cineastas?

La cultura no es un evento, es una política

El acuerdo con el Berklee College of Music para elevar los estándares de enseñanza musical, la transformación del Conservatorio Nacional en institución de educación superior, los programas de donación de instrumentos en provincias: son señales positivas. Pero son iniciativas dispersas, no una política de Estado coherente.

Lo que le falta a la República Dominicana no es talento —eso sobra— ni siquiera dinero. Lo que falta es voluntad institucional para construir un ecosistema cultural sostenible: fondos concursables con reglas claras, apoyo a la industria creativa local, protección del patrimonio inmaterial (el merengue, la bachata, las tradiciones comunitarias que nos definen), y un Plan Nacional de Cultura que no muera con cada cambio de gobierno.

La FILSD es un escaparate hermoso. Los Juegos fueron un hito histórico. Pero la cultura dominicana merece más que escaparates e hitos. Merece una política que llegue al escritor de San Juan de la Maguana, al músico de Barahona, al bailarín de Villa Mella que no tiene padrino pero sí tiene talento.

Mientras eso no ocurra, seguiremos siendo un país que celebra su cultura con fuegos artificiales y la abandona en silencio el día siguiente.


Daniel Segundo Monzón es columnista de El Zafacón.

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