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9:19 pm
Opinión

Liranyi Alonso y el peso de ser la esperanza: cuando el atletismo dominicano tiene nombre y apellido

Columnista Daniel Segundo Monzón 4 de octubre, 2026 10:48 am

Por Daniel Segundo Monzón

Hay momentos en que el deporte deja de ser entretenimiento y se convierte en espejo. El 3 de agosto de 2026, en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, Liranyi Alonso cruzó la meta de los 100 metros en 11.10 segundos y borró de los libros un récord que Chandra Sturrup había grabado en 1998. Veintiocho años. Casi tres décadas de historia regional cayeron ante una joven de 20 años nacida en La Vega, criada en el sector Palmarito, que ese día no solo ganó una medalla: le devolvió a República Dominicana la certeza de que puede competir en la élite del atletismo mundial.

Cuatro oros en una sola edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Los 100 metros, los 200 metros, el relevo 4×100 femenino y el relevo 4×100 mixto. Una actuación que, en cualquier otro país con una cultura deportiva más madura, habría generado portadas nacionales durante semanas, debates en el Congreso sobre financiamiento atlético y contratos de patrocinio que garantizaran su preparación hasta Los Ángeles 2028. Aquí, la celebramos, la aplaudimos, y luego seguimos hablando de béisbol.

No es un reproche al béisbol. Es una pregunta legítima sobre prioridades.

Liranyi no llegó sola a este punto. Detrás de ella está José Ludwig Rubio, el entrenador que también formó a Luguelin Santos, y que ha construido una metodología de largo plazo que prioriza el desarrollo técnico sobre los resultados inmediatos. Rubio ya habla de una final olímpica en Los Ángeles. No como fantasía, sino como objetivo concreto, trazado con rigor y respaldado por una progresión atlética que pocos jóvenes en el mundo pueden mostrar a su edad.

Pero el entrenador también ha sido claro: para llegar a ese nivel, Liranyi necesita más competencias internacionales, más exposición a rivales de alto rendimiento, más recursos para viajes, nutrición y atención médica especializada. El Estado dominicano ha prometido un incentivo de vivienda. Algunas marcas privadas han mostrado interés. Eso es un comienzo, pero no es suficiente para sostener una carrera olímpica de élite.

El problema estructural del atletismo dominicano no es la falta de talento. Nunca lo ha sido. El problema es que el sistema de apoyo institucional sigue siendo reactivo: celebramos cuando alguien gana, pero no invertimos de forma sostenida para que ganen más. Marileidy Paulino tuvo que demostrar su valía en pistas europeas antes de que el país la reconociera como lo que es: una de las mejores atletas del mundo. Liranyi está en ese mismo camino, y la pregunta es si aprenderemos la lección antes de que sea demasiado tarde.

Los Juegos Panamericanos de Lima 2027 son el próximo gran examen. Rubio los identifica como el puente crítico entre el nivel regional y la élite global. Si Liranyi llega bien preparada a Lima, con el respaldo institucional y privado que merece, Los Ángeles 2028 no será un sueño: será una cita con la historia.

República Dominicana tiene la atleta. La pregunta es si tiene la voluntad de estar a su altura.

Por Daniel Segundo Monzón

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