El sistema de transporte público de República Dominicana enfrenta una crisis estructural que afecta a millones de usuarios diarios: flotas envejecidas, ausencia de integración tarifaria, rutas superpuestas y una informalidad que dificulta la planificación urbana.
El Metro de Santo Domingo, con sus dos líneas operativas, transporta cerca de 200,000 pasajeros diarios, pero su cobertura geográfica es limitada frente a una ciudad que ha crecido de forma acelerada y desordenada.
El problema de la última milla
La mayoría de los usuarios combina el Metro con conchos, autobuses del OMSA y mototaxis para completar sus trayectos. Esta fragmentación eleva el costo real del transporte y el tiempo de desplazamiento, especialmente para trabajadores de zonas periféricas.
El OMSA opera con una flota que incluye unidades con más de 15 años de uso, lo que genera frecuentes averías y afecta la regularidad del servicio.
Inversión pendiente
El Gobierno ha anunciado en distintas ocasiones planes de renovación de flota y extensión del Metro, pero los plazos de ejecución han variado. La Línea 3 del Metro, proyectada para conectar el norte de la ciudad, permanece en fase de estudios.
Expertos en movilidad urbana señalan que sin una política integrada de transporte —que incluya carriles exclusivos, integración tarifaria y regulación del sector informal— las inversiones puntuales tendrán impacto limitado.
Por El Zafacón





