Estados Unidos culminó este 30 de septiembre de 2026 su presencia militar permanente en Irak, poniendo fin a una misión que se extendió por más de dos décadas y que estuvo marcada por la invasión de 2003, la retirada de 2011 y el regreso en 2014 para combatir al autodenominado Estado Islámico.
El repliegue se ejecutó según el calendario pactado en 2024 e implicó la salida de las últimas bases de la coalición internacional, incluida la base Victory, cercana al aeropuerto de Bagdad, que fue entregada a las fuerzas de seguridad iraquíes.
Un traspaso ordenado tras un acuerdo en dos fases
El proceso fue diseñado en dos etapas. La primera concluyó la misión de la coalición en septiembre de 2025, mientras que la segunda —completada este 30 de septiembre— mantuvo hasta ahora capacidades limitadas para apoyar operaciones contra el Estado Islámico en la vecina Siria.
Aunque el cronograma fue establecido bajo la administración de Joe Biden, la fase final se ejecutó según lo programado durante el gobierno de Donald Trump.
Las autoridades iraquíes declararon que el país queda ahora libre de tropas de combate extranjeras y asume la plena responsabilidad de su seguridad nacional, la vigilancia aérea y las tareas de inteligencia.
Preocupación en el Kurdistán y celebración de milicias proiraníes
La salida no ha estado exenta de tensiones. En la región autónoma del Kurdistán, dirigentes como Masrour Barzani calificaron la retirada de “vergonzosa” ante la falta de sistemas de defensa adecuados para enfrentar amenazas regionales.
En paralelo, milicias chiíes proiraníes celebraron el repliegue como una “victoria histórica”. Analistas y funcionarios de seguridad advierten sobre el riesgo de un vacío que pueda ser aprovechado por células remanentes del Estado Islámico o por facciones armadas que rechazan el desarme impuesto por Bagdad.
La presencia estadounidense no desaparece del todo
El fin de la coalición no supone una ausencia total de Washington en la región. Parte de los efectivos serán redistribuidos hacia Jordania y otros países aliados, y se mantiene abierta la posibilidad de una futura cooperación bilateral de seguridad entre Bagdad y Washington.
Otros socios, como España, conservan su compromiso con la seguridad iraquí a través de la misión de la OTAN (NMI) y de marcos bilaterales de formación y adiestramiento antiterrorista que permanecen vigentes.
Columnista Eduardo Pérez





