Brasil celebra este domingo 4 de octubre la primera vuelta de sus elecciones generales, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro —hijo del expresidente Jair Bolsonaro— como los dos principales candidatos en una carrera marcada por la polarización y la alta tensión política.
Las encuestas de Datafolha publicadas en los últimos días muestran a Lula con una ligera ventaja en la primera vuelta, pero en empate técnico con Flávio Bolsonaro en las simulaciones de segunda vuelta. Esto hace probable que la definición se traslade al balotaje del 25 de octubre.
La campaña estuvo rodeada de controversias. El Gobierno brasileño denunció una presunta injerencia extranjera de Estados Unidos para financiar grupos de extrema derecha, mientras que la Policía Federal investigó un supuesto complot contra la embajada estadounidense en Brasilia. Un debate presidencial fue cancelado por intervención judicial, lo que generó críticas de ambos bandos.
Jair Bolsonaro, inhabilitado para ejercer cargos públicos hasta 2030 y condenado a 27 años de prisión en 2025 por su participación en un intento de impedir la transición de poder tras las elecciones de 2022, no puede participar directamente. Su hijo Flávio ha prometido buscar la amnistía para su padre si resulta electo.
Además de la presidencia, los brasileños elegirán los 513 escaños de la Cámara de Diputados y 54 senadores. El resultado tendrá implicaciones directas para la región, dado el peso económico y político de Brasil en América Latina.





