Por Daniel Segundo Monzón
El 4 de octubre de 2026, el presidente de Yemen, Rashad al-Alimi, anunció el inicio de la "Operación Amanecer de Yemen": una ofensiva a gran escala, respaldada por una coalición liderada por Arabia Saudita, para recuperar los territorios bajo control de los rebeldes hutíes. Cien aviones de combate, cientos de objetivos estratégicos, y una respuesta hutí que no tardó en llegar: misiles y drones contra instalaciones de Aramco en Riad. El mundo volvió a mirar hacia el estrecho de Bab al-Mandeb, ese angosto corredor de 29 kilómetros que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
Muchos en República Dominicana se preguntarán qué tiene que ver Yemen con nosotros. La respuesta es incómoda: mucho más de lo que parece.
El cuello de botella del comercio mundial
El estrecho de Bab al-Mandeb es uno de los puntos de tránsito marítimo más críticos del planeta. Por él pasan aproximadamente el 12% del comercio mundial y una porción significativa del petróleo que abastece a Europa y Asia. Cuando los hutíes —respaldados por Irán— amenazan con atacar buques en esa ruta, no están solo perturbando la geopolítica del Medio Oriente: están tocando los nervios del sistema de abastecimiento global.
República Dominicana importa el 80% de lo que consume. Combustibles, alimentos procesados, insumos industriales, medicamentos: todo llega por mar. Las rutas que conectan Asia y Europa con el Caribe pasan, directa o indirectamente, por los grandes corredores marítimos que el conflicto en Yemen amenaza. Cuando esas rutas se encarecen —porque los seguros marítimos suben, porque los buques deben rodear África en lugar de cruzar el canal de Suez— el costo llega, tarde o temprano, al consumidor dominicano.
No es especulación. Ya ocurrió en 2024, cuando los ataques hutíes al mar Rojo obligaron a decenas de navieras a desviar sus rutas, disparando los fletes y generando presiones inflacionarias en economías importadoras como la nuestra. Ahora, con una ofensiva de mayor escala y la amenaza de un bloqueo del estrecho, el riesgo es aún más serio.
La trampa de la distancia
El problema de los países pequeños como República Dominicana es que tendemos a percibir los conflictos lejanos como irrelevantes. Yemen está a más de 10,000 kilómetros. Sus guerras, sus facciones, sus alianzas tribales parecen ajenas a nuestra realidad cotidiana. Pero esa percepción es un lujo que ya no podemos permitirnos.
Vivimos en una economía globalizada donde la cadena de suministro es tan frágil como su eslabón más débil. El conflicto en Yemen no es solo una tragedia humanitaria —y lo es, con millones de desplazados y una crisis alimentaria devastadora—; es también un factor de riesgo económico real para países que dependen del comercio marítimo internacional.
Arabia Saudita, Turquía y Pakistán ya celebraron una reunión de emergencia en Riad bajo el marco de la "Alianza de La Meca". Irán advirtió que responderá si el conflicto escala. La comunidad internacional observa con preocupación cómo el estrecho de Bab al-Mandeb se convierte en el nuevo punto de presión geopolítica global. Y mientras tanto, en Santo Domingo, el debate público sigue centrado en si el precio del pollo bajará esta semana.
Lo que República Dominicana debería hacer
No se trata de que el gobierno dominicano tome partido en un conflicto que no le corresponde. Se trata de que la cancillería y el Ministerio de Economía monitoreen activamente el impacto de esta escalada en los fletes, los precios del petróleo y las cadenas de suministro que nos abastecen. Se trata de que el sector privado —importadores, distribuidores, industriales— tenga información oportuna para anticipar disrupciones. Y se trata de que la ciudadanía entienda que la inflación no siempre nace en el Banco Central: a veces nace en un estrecho a miles de kilómetros de distancia.
La geopolítica no es un lujo académico. Es el contexto en el que se mueven los precios, las inversiones y las oportunidades. Un país que no lee el mundo está condenado a ser sorprendido por él.
Yemen arde. El estrecho tiembla. Y el Caribe, aunque no lo sepa, también siente el calor.
Daniel Segundo Monzón es columnista de opinión de El Zafacón.





