EDITORIAL
Con el petróleo de Texas otra vez por encima de los 100 dólares, el Gobierno decidió mantener congelados por otra semana los precios de las gasolinas, el gasoil y el gas licuado. La medida protege el bolsillo de las familias en un momento de tensión internacional, y El Zafacón la considera razonable como respuesta de emergencia. Pero un subsidio general que ya supera los RD$40,200 millones en el año no puede seguir funcionando sin un plan público que diga hasta cuándo, para quién y con qué recursos.
Los números de la semana lo explican. El viernes 16 de octubre, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) mantuvo la gasolina premium en RD$358.10 por galón, la regular en RD$317.50, el gasoil óptimo en RD$318.10 y el regular en RD$270.80. Para sostener esos precios del 17 al 23 de octubre, el Estado destinará RD$1,860.3 millones, según informaron Diario Libre y el periódico Hoy. Sin esa ayuda, el gasoil óptimo costaría RD$438.36 por galón.
La presión viene de fuera. Ese mismo viernes, el petróleo intermedio de Texas cerró en 101.41 dólares por barril y el Brent en 109.86, tras nuevos ataques contra buques en el estrecho de Ormuz y la ofensiva de los hutíes contra Arabia Saudita, de acuerdo con EFE e Infobae. Cada sobresalto en Oriente Medio termina reflejándose en la factura nacional.
El problema no es el alivio, sino su diseño. El subsidio de esta semana es de RD$120.26 por galón en el gasoil óptimo y de RD$120.10 en el regular, los combustibles que mueven buena parte del transporte de carga y de pasajeros. Pero también alcanza RD$55.65 por galón en la gasolina regular y RD$26.39 en la premium. Un mecanismo general favorece por igual a quien llena el tanque de un vehículo de alta gama y a quien depende de una guagua para llegar al trabajo; y quien más consume, más subsidio recibe. Cada peso que se va por esa vía deja de estar disponible para salud, educación o inversión.
Hay quienes sostienen, con argumentos atendibles, que no es momento de mover los precios. Un aumento brusco del gasoil se trasladaría a los pasajes y a los alimentos, y golpearía primero a los hogares de menores ingresos. Esa preocupación es legítima, y por eso este diario no propone desmontar el subsidio de un día para otro. Tampoco se puede ignorar que el mercado es volátil: el pico actual podría ceder en semanas o prolongarse durante meses.
Existe una base para avanzar. Según Diario Libre y Hoy, el Gobierno acordó con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) una cooperación técnica para mejorar la focalización de los subsidios sociales. Es el camino correcto, y conviene acelerarlo.
Proponemos tres pasos concretos. Primero, retirar de forma gradual el subsidio a la gasolina premium, el de menor impacto social, con un calendario anunciado con antelación. Segundo, concentrar el apoyo en el gasoil del transporte público y de carga y en el gas licuado de los hogares, mediante ayudas dirigidas a quienes más las necesitan. Tercero, publicar cada mes un informe con el costo acumulado del subsidio y su fuente de financiamiento, para que la ciudadanía sepa cuánto cuesta la estabilidad de precios y quién la paga.
Congelar los precios compra tiempo. Ese tiempo debe usarse para construir una política de combustibles más justa y sostenible, antes de que el próximo sobresalto en Ormuz la imponga sin planificación.
Foto: Archivo El Zafacón.
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